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Sounds perfect Wahhhh, I don’t wanna
el-jujeniodeletras
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A. Schwalb: El sábado pasado estaba eufórico. Salí con un grupo de mis mejores amigos y la noche nos había llevado a un pequeño bar en Miraflores. Al minuto, las chelas adornaban la mesa y a los dos minutos, ya sonaba Soda. Palpitábamos con cada nota, estremecíamos con cada arreglo, y nuestros pulmones reventaban en cada coro. Las cervezas, efímeras. Las melodías, eternas, como ese momento en amistad. Más de una vez he tenido una experiencia así. Hay canciones que no solo son para tus oídos; hay aquellas que se te meten a la vena y se apoderan de ti. En mi caso y el de muchos, un gran cantidad de estas canciones son de Soda.

A. Garrido: Algunos de los escritores de este blog conocen muy bien a Cerati; por otro lado yo no sé gran cosa de él. Pero si sé algunas cosas. Sé que la música de Soda Stereo ha acompañado a millones de personas en miles de millones de etapas de sus vidas, sea caminando en la calle con sus Walkmans, en sus viajes o fiestas de prom, en comerciales, reportajes, programas de televisión, etc. Nunca cae mal una canción de con su voz en la radio. Sé que su magia plasmada en sonido infuyó e influirá a millones de músicos que seguirán propagando esta magia. Sé que si bien no todo el mundo lo tiene como favorito, todo músico bien de sus cabales lo va a reconocer como una excelencia en todo lo que hace. Ahora que ha dejado la inconciencia, podrá seguir pensando y plasmando melodías, sea en otro mundo, o en nuestros corazones.

A. Schwalb: Las noticias de la muerte de Gustavo Cerati son muy tristes. Después de todo es uno de los verdaderos rockstars de mi época. Yo nací en este mundo sin Lennon, Hendrix y Morrison, pero sí con Cerati. No hay nada más que decirle a Gustavo que agradecerle por la música. Eres un ídolo. Mientras suene en mis audífonos, para mí serás eterno.

- A. Garrido (@quePalta) & A. Schwalb (@aschwalbc)

Gracias.

Totales.

El derecho de tenerla conmigo, de mirarla dormir, de penetrar en ella, de verla sonreír, de llamarla, de ser llamado, de tender mi mano en mitad del sueño y saberla ahí, de ver sus ojos, por Dios, cómo podré vivir sin ver sus ojos, pero también, cómo podría vivir viendo sus ojos y no tenerlos, no poder tildarlos al hacer un inventario de lo que es mío.
Mario Benedetti. Gracias por el fuego.
Mario Benedetti Gracias por el fuego